Monos porfiaos — 01/02/2012 15:49

Susana Díaz: “Busco reflejar el poder de la música como vía de escape”

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Susana Díaz, cineasta chilena, nos habla de su recién estrenado documental “Hardcore: La revolución inconclusa” y la inspiración que le produce rescatar las corrientes musicales subterráneas que han marcado de manera “silenciosa” la juventud de nuestro país.


Susana Díaz es apasionada. La directora de “Hardcore: La revolución inconclusa”, documental recién estrenado en la Competencia Nacional del 8 Festival In-Edit Nescafé, transmite ese mismo ímpetu en cada segundo del film, el cuál fue una verdadera máquina del tiempo para los espectadores: un viaje de regreso a la juventud de tocatas, slams e ideales que poco a poco fueron desvaneciéndose.

Existen documentales de punk, rock y hasta de la sicodelia en Chile, pero nada acerca del “hardcore”. ¿Crees que fue un movimiento ignorado, como quizás sucedió con la producción cultural de los noventa?

—Las épocas y los movimientos son validados en la medida que alguien los rescata: a mí me interesaron los noventas. No creo que sea una época ignorada ni el hardcore un movimiento ninguneado, creo que nadie se había dado el trabajo audiovisual de sumergirse en una investigación más larga.

Leí en la reseña que este documental era el “retrato de una generación”: ¿Cómo sería esta generación? ¿En qué se parece o diferencia de la actual?
—Los noventas promentían un ideal de democracia que nunca llegó, un sistema social heredado de la dictadura militar que perpetuaba su modelo económico. La generación bajo el gobierno de Frei, segundo gobierno demócrata, se sintió estafada. Algunos actores de esa generación canalizaron su rabia en la música hardcore y en la acción de nuevas formas de expresión colectiva y autogestionada para producir un mundo paralelo, inventando desde una sonoridad rápida y estridente.

La música es una herramienta súper fuerte, el hardcore es la banda sonora de la vida de un grupo de jóvenes despersonalizados en una sociedad en la que no encajaban: significó una búsqueda, un espacio creativo donde expresarse como individuo, un lugar donde sentirse escuchado y acogido.

Siento que la generación actual también se siente estafada porque se da cuenta que no tiene futuro alguno en un sistema tan desigual, sale a las calles. Es un momento histórico importante y existe hoy una revalorización en la música como protesta desde todos los frentes, sea punk o pop. Existe la necesidad de agruparse independiente del lugar y levantarse ante la contingencia. He visto antiguos hardcore nuevamente tocando en apoyo a los estudiantes.

¿Tomaste la idea del “hágalo usted mismo” como pie forzado en el documental, o simplemente por qué es muy ad-hoc a lo que sucede hoy con la producción cine en Chile? ¿Se hace difícil concretar ideas en la industria hoy, los protocolos para obtener dinero son muy complicados?
—Casi todo el cine chileno se dice independiente aunque está financiado por el Estado porque muchas veces los recursos no alcanzan. Mis películas son más radicales, son underground, cine de guerilla sin lucas. En el underground existe una calidad humana ligada a estos métodos de producción, personas capaces de trabajar gratis y profesionalmente porque les motiva el tema y tienes ganas de hacerlo, donde el dinero es abolido por canjes de trabajo que potencia y permiten más producciones de este tipo.

Postular a los fondos es una pega que implica harto tiempo y dedicación, y en mi caso destiné ese tiempo a terminar la película.

Cine y música para mí son libertad, utopía, maquina de sueños y pesadillas que van formando mi experiencia como individuo a mediados de los 90. Mi búsqueda es puro devenir, adolescencia, energía y sonoridad elementos que toman sentido con la forma de vivir y hacer cine. También busco reflejar el poder del música como vía de escape y (los documentales) son un rescate a una memoria colectiva. Y una reflexión sobre que ser joven no tiene que ver con la edad, sino con el que se mantiene inquieto, aquel a quien la inercia no lo vence.

El documental “Hardcore: La revolución inconclusa” es la segunda parte de una trilogía sobre las escenas músicales underground en Chile. Supersordo”, documental sobre la banda y su característico sonido o ruido, fue el primero en aparecer. Como tercera parte y final tiene dos alternativas: un documental sobre el primer sello de electrónica abstracta “Ojo de Apolo”, o el post- rock de Congelador a fines de los noventa con “Quema su Cabeza”.

Entre otros tiene proyectos como un rockumental sobre Familea Miranda y una película ficción “Monstruo de Papel”, que trata sobre una agrupación surrealista que intenta subsistir en la clandestinidad dentro de un escenario parecido a un estado de sitio en Chile. Ambas producciones son co-dirigidas por Efraín Robles.

Si quieres primera fila en las tocatas más ensordecedoras de los 90, prepara tus oídos y no pestañees, pronto avisaremos de más proyecciones de este documental.

Y si aún no has visto el trailer del docu, visita nuestra sección El Video.

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