Monos porfiaos — 06/13/2012 16:01

Raúl Ruiz a mano alzada

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Abel Elizondo (36) tiene la misión de llevar al papel las últimas historias escritas por el cineasta en un formato que vinculará la afición de Raúl Ruiz por las historietas, la literatura y su paso final por Chile antes de fallecer. El proceso está recién comenzando y ya hay algunos bosquejos para el trabajo que estará listo en diciembre.

Abel Elizondo en su estudio

Sentado en un sillón rojo –“como una especie de trono”– Raúl Ruiz recibió al dibujante Abel Elizondo (36) a fines de 2010 en su casa de Santiago. El artista visual se interesó por su obra desde que vio “La recta provincia” (2007), serie sobre mitos y leyendas del campo chileno emitida por TVN y que tuvo bajísimo rating. “Me conseguí su número en Francia y lo llamé desde acá para decirle que quería dibujar alguna de sus historias”, le comentó entonces un envalentonado Elizondo. Ruiz le respondió que justo viajaría a Chile, así que accedía a ver su propuesta.

Elizondo estudió arte en la Universidad de Chile y sus realizaciones siempre han estado ligadas al cómic, de hecho, su trabajo más reciente es en este formato: Martín Warp, novela gráfica escrita por Enrique Videla, guionista de “Gen Mishima” y “Prófugos“.

“Ruiz quería representar sus historias al más puro estilo de los cómics que veía en su infancia, como ‘Terry y los Piratas'”, dice el artista visual, a la vez que asegura que las películas del cineasta “intentaban acercarse a los encuadres del cómic, ya que forzaba el ángulo de la cámara para alcanzar una profundidad desconcertante”.

Avance del cómic de Abel

¿Cómo fue compartir con Ruiz los últimos meses de su vida?
–La voz de Ruiz era diez veces más ronca que la mía, se sentaba en un sillón rojo, como una especie de trono… escuchaba y miraba mis propuestas con una mirada lejana, pero amable. Me junté unas diez veces con él en un lapso de cuatro meses, se mostraba gentil, pero a la vez muy exigente. Para mí era un desafío. Todos los minutos junto a él, rodeado de libros y películas, eran valiosos. Incluso me prestó algunos libros, como el de “Terry y los piratas”. Para mí y para muchos, Ruiz es un personaje enigmático. Sus películas son como pintar un lienzo, porque ocupaba métodos no industriales y funcionales para obtener imágenes efectivas a nivel narrativo. Sus creaciones ponen a los protagonistas y a los espectadores en un nivel de incertidumbre, y los personajes mismos se desconciertan.

¿Y cómo recibió tu obra?
–Antes de juntarme con él había dibujado unas escenas de “Las tres coronas del marinero” (1982) –película emblemática del cineasta que se ríe del efectismo y del manejo de los planos, la frase que le dice el protagonista agonizante a un ciego, muestra el humor de Ruiz: ‘no lo creas es sólo pintura roja’– y se las mostré… creo que él vio una propuesta visual alternativa a la película, no es que haya calcado los fotogramas, intenté acercarme a cómo había pensado él las escenas. Siento que él intentaba develar el secreto del cine diciéndote ‘esto no es real’. El cómic es abiertamente eso, es estático y creo que en eso se basó su disposición a recibir mi trabajo. Pero lo que queríamos hacer era algo nuevo, entonces me pasó dos historias: “Lo mejor del día” y “El aviador”, cuentos que se incluyen en la última película que rodó y que hoy está editando su señora en Francia.

¿Alcanzaste a mostrarle avances?
–Sí, pero la responsabilidad era y es súper grande. Le hice una primera entrega, pero él no decía mucho, sólo me transmitía que había que trabajar pronto, ‘porque nunca se sabe’, repetía. En el funeral eso sí, me contaron sus cercanos que él decía que le encantaban los dibujos… quizás era una estrategia.

¿Una estrategia para que te sintieras presionado a trabajar frente a la incertidumbre de si le gustaba tu pega o no?
–Claro, pero bueno… quiero pensar ahora que se lo voy a entregar a él, con esa presión mental. Es como una retribución a la confianza. Quizás cuando lo termine –el plazo es de diez meses– vaya a celebrar, abra una botella de vino en su nombre, qué sé yo. No salí con Ruiz en contextos que no fueran de pega, él se reservaba para sus amigos cuando estaba en Chile y tenía varios, de hecho él venía por dos meses inicialmente, pero se quedó cuatro y su señora lo tuvo que venir a buscar.

Abel Elizondo se enteró de la muerte de Ruiz el mismo 19 de agosto de 2011, lo llamó la nana del cineasta, quien tenía la misión de informarle “a los más cercanos”. Actualmente, está trabajando en el libro que lleva dos historias de Ruiz al papel e intentando develar las intencionalidades presentes en los cuentos del cineasta. Para eso, fue a Quilpué, lugar donde vivió por varios años el realizador. Ahí Abel conoció a un joyero amigo de Ruiz, protagonista de una de las historias del cómic que se lanzará a fin de año.

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