La macedonia — 06/01/2012 01:08

L’Animita: el templo del pueblo

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“Acá los vecinos dicen que es milagroso, que ayuda y sana”, dice una vecina de Puente Alto. Ahora Hans Pozo, el joven descuartizado el 2006, tiene su animita. Familiares, vecinos, pobladores, las erigen para las almas que penan injustamente –por condena, tragedia o maldición- un hogar que les acompaña después de la muerte.

Hagiografía es la historia de la vida de los santos. Las historias de este libro cuentan vida y muerte de santos beatificados por su pueblo, por eso el autor la apellida folclórica (Collage de Ona Ávila)

Vendrá por nosotros. Cómo, cuándo y porqué, harina de otro costal. Que “la noche me acoja donde mejor sé morir” como dice el que dijo. “L’Animita, Hagiografía folclórica” (Fondo de Cultura Económica), habla de la mala muerte y cuenta de quienes la padecen. Santitos milagreros elegidos por el pueblo que morando en sus animitas esperan la llegada al cielo.


ORESTE, EL CARONTE DE CHILE
Oreste Plath, tomó notas, notas, y notas, investigó con lujo de detalles el alma y cuerpo de su pueblo. Convoca, hasta el día de hoy, nuestra manera de ser. Gracias a la labor de este oficiado autor y recopilador, podemos mandar al espacio trece tomos de una carta de navegación que permitiría a cualquier visitante encontrar las coordenadas de la dimensión el pueblo de Chile-siglo XX. “L’Animita”, séptimo libro de esta enciclopedia popular, hace de basalto para la animita chilena de aquellos y estos tiempos. Su hija Karen, heredera de esa piedra, complementa y anota la segunda edición del presente libro.

Los Plath nos enseñan geográfica e históricamente el más de centenar de animitas que hay a lo largo de Chile y algunos países de América del Sur y del Norte.

LAS PENAS
El difunto que anda cargando algo no descansa. Las penas son lo que las ánimas llevan a la espalda, sobre ellas, el pueblo condena o enaltece. Familiares, vecinos, pobladores, la opinión pública, erigen para las almas que penan injustamente –por condena, tragedia o maldición- un hogar que les acompaña después de la muerte. Junto a la animita, los fieles justician el alma del difunto como medianeros para su paso al cielo.

Prendiendo velas, orando, dejando por escrito plegarias o votos de gratitud por los favores concedidos, se ayuda al ánima en su trance purgatorio. En trueque, las ánimas milagrosas interceden como mensajeros de sus fieles ante Dios. Llevan como favores y traen como milagros los recados de quienes ofrendan con fe a sus santitos. La animita es el templo, un lugar público tomado por la muerte, por el difunto y el pueblo. Un espacio de comunión, escalera o puente donde transitan vivos y muertos, aquellos que de algún mal padecen. Es, explican los Plath, la creencia en lo divino, la fe en la supervivencia del ser más allá de la muerte.

ESTAMPAS DE ANIMITAS a las almas inocentes
“Todo es posible. Y no sabemos hasta donde llega el poderío de los muertos. Ofrece tus velas” cita Oreste Plath al escritor Daniel de la Vega, testimoniando el poder benefactor de Rumaldo Ivani Z. († 3 de Agosto de 1933). La muerte de Romualdito – hombre niño de 41 años, apuñalado por unas chauchas y un poncho- conmovió a quienes lo conocían en Estación Central, la piedad de una vecina encendió la primera velita donde fuera asesinado el difunto. A un costado del terminal de buses, en un muro de casi 15 metros de extensión, tapizado de placas, ex votos, flores y ofrendas, la querida Animita de San Borja. Hoy, es lugar de peregrinación para la feligresía de la capital y el alma inocente de Romualdito, la más milagrosa de Santiago.

 La animita de la Santa Laica, como le llaman en la pampa, se construyó gracias a una colecta pública de los estudiantes de Antofagasta. Con el paso de miles de cultores chilenos y extranjeros que ofrecen votos a la niña, el mausoleo de Elvirita Guillen Guillén († 14 de marzo de 1937) es una capilla de tomo y lomo. Altar, cirios y velones, santos, asientos y reclinatorios la enaltecen, remedian su tragedia.

Elvirita era bella, de buen carácter. Huérfana por catorce años. Dos meses antes de su muerte es adoptada por un matrimonio de buena situación. Un mal día, Elvirita es convidada por el jardinero de la casa a una partida de naipes. La esperaban el jardinero Díaz y su conviviente, el cabo del 1° Regimiento Esmeralda y su esposa.

Para los devotos de la Santa Laica, la justicia fue compasiva. Ninguno de estos individuos tuvo más de seis meses de condena por la violación de Elvirita Guillén, sin embargo, la niña tomó el caso en sus manos. Cargó la pistola de su padre con cinco balas. Se la encontró muerta, con el revólver a la altura del pecho. Junto a ella, tres retratos: el de su madre, el de su padre y el retrato de un marino de Valparaíso que al reverso decía: “Amor mío: aunque me creas loca voy a dejar de existir”.

LA CASA, EL CASO, EL DIFUNTO: MALDITOS MILAGROSOS
Con un montoncito de piedras y ladrillos rotos, un grupo de niños levantaron en la calle Tucumán la animita de Luis Mesa Bell († 20 de Diciembre de 1932). Este periodista de 29 años, luchador social que defendía la prensa libre y denunciaba hechos punibles, como describe Plath, fue asesinado por funcionarios de Investigaciones. El motivo, acusar públicamente la desaparición del preso político Manuel Anabalón, detenido por la Sección de seguridad de Carabineros de Chile ese mismo año. Por el asesinato de Mesa Bell la prensa tituló: “Lo quisieron matar y lo han hecho inmortal. Lo quisieron silenciar y su voz resuena como si fuera un millón de clarinadas”. La ciudadanía, grupos obreros, estudiantes e intelectuales, el gremio de periodistas y decimeros, condenó a los responsables de estos dos crímenes no pagados y despidió el cuerpo de Mesa Bell en gran procesión. Su animita fue convirtiéndose en un concurrido santuario, símbolo de la libertad de prensa, memoria de un justiciero.

Quienes condenados injustamente a la pena capital asumen la muerte con entereza, gallardía, la fe popular les rinde homenaje. Es el caso de la animita de Cuadra y Osorio († 7 de octubre de 1967), fusilados por el homicidio de las hermanas Vera, herederas de cuantiosos bienes familiares. Sabido por todos fue el montaje policial que los inculpó y, aunque nada pudo probarse, fueron igualmente ejecutados. Cuenta Plath, se dirigieron a la muerte sin queja ni lamento, afirmando nada más su inocencia.

EJECUTAD
En Valparaíso, Emilio Dubois († 26 de Marzo de 1907) es condenado por los crímenes del “hombre del laque de goma”, buscado asesino en serie del puerto. Cuando su abogado lo presentó ante la corte como un caso de demencia, Dubois, ofendido, pidió en vano defender personalmente su causa. Se organizó un comicio público en su favor, el pueblo alegaba su inocencia. Dubois se casó con Úrsula, madre de su hijo y pareja hacía 14 años, el día antes de su fusilamiento.

Negó la confesión católica, él se confesaría directamente con Dios, no necesitaba auxilio. “Parecía contento de exhibir en el patíbulo su varonil figura y supremo valor. No se le movía ni un músculo y el cigarrillo permanecía en sus dedos sin la más pequeña oscilación”. En el patio de ejecución la muchedumbre oye su arenga. Rehusó vendarse, sentado en el cadalso pidió le apuntasen bien al corazón y ordenó “Ejecutad”. 122 metros de largo harían las columnas que se escribieron del mítico en el diario La Unión, tantos más en el cancionero popular, en libros, obras teatrales. El respeto del pueblo y la indignación hacia la justicia terrenal iluminan hace más de 105 el sepulcro de Dubois.

L´Animita de Oreste Plath († 24 de julio de 1996) se alza por todos los santos difuntos que allí se cuentan. Las ánimas en pena, el pueblo chileno, le ofrendan su historia, y sus fieles, le velamos a la luz del agradecimiento.

1 comentario

  • excelente crónica. Es muy recomendable el libro de Plath, aunque uno de mis favoritos sigue siendo “el Santiago que se fue”. Saludos y muy buen sitio.

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