Imperio perdido — 12/06/2012 22:46

“92 Cines”: Dinosaurios de película

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Ver caer el cine Lido fue como ver caer muerto a un dinosaurio viejo. Sus muebles ya habían sido vendidos a precio de costo, sus ventanas rotas aún resguardaban los carteles de sus últimos intentos de resistencia cinematográfica, a punta de rotativos y precios que quizás apenas pagaban al boletero. Según cuenta el sitio Mabuse, en sus últimos días se programaron joyas cinematográficas como “La pandilla salvaje” de Sam Peckinpah, “Bonnie and Clyde” de Arthur Penn” e incluso el “Doctor Zhivago”.

Un millonario proyecto inmobiliario, la Torre Huérfanos, botó en el 2008 uno de los últimos cines de la calle Huérfanos, que alguna vez alojó algunos de los centros más concurridos de la vida cultural santiaguina.

El libro “92 cines” (Metales Pesados) de Rodrigo Avilés reúne fotografías propias de, como dice su nombre, 92 cines que al menos hasta hace 12 años atrás existían como edificio. Pocos se salvaron de morir como anfiteatro cinematográfico, la gran mayoría de ellos se convirtieron en templos evangélicos, centros comerciales a lo Falabella, gimnasios o simplemente cayeron.

“Los cines abandonados o reutilizados nos siguen contando historias y en esta oportunidad nos cuentan la nuestra. Este registro es una narración acerca del imaginario de los habitantes de esta ciudad, Santiago, que pretende la inmersión racional y melancólica de un espectador que perdió su lugar de encuentro con el cine (…) Los cines trataron de iluminarnos en épocas de oscuridad”, cuenta Avilés en su libro.

“El sistema autoritario se apropió del modelo cultural, de la distribución intelectual y las interacciones de la vida cotidiana fueron manipuladas para atomizar a las personas y no permitir su inquietid colectiva. Así este libro lo cruza la globalización y la implementación del modelo neoliberal.

Ahora son todos iguales, solo cajas inmensas llenas con tecnología. Esta mutación vergonzosa representa literalmente las filtraciones mentales de nuestro vivir”, sigue.

En la actualidad hay aproximadamente 200 salas de cine en Santiago. 189 corresponden a grandes cadenas de cines ubicadas al medio de centros comerciales. Hoy, los malls se comieron los azulejos, las manillas de bronce y las butacas de terciopelo.

Les dejamos un mapa con los cines fotografiados por Avilés. De repente, mientras caminen con un cono de helado en la mano, pueden imaginarse como una chiquilla histérica, mirando a Clark Gable poner la primera piedra del Cine Metro por allá por 1935.


(Puedes visitar el mapa directamente en Google Maps)

Si quieres apreciar los cines de Avilés de más cerca, regalamos una de las copias del libro publicado por Metales Pesados. Sólo cuéntanos una experiencia en alguno de estos cines desaparecidos y estarás participando.

CONCURSO CERRADO
El ganador es Juancho, y su abuelo tacaño. ¡Nos contactaremos contigo vía mail para retirar el libro!

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17 Comentarios

  • No soy de Santiago, así que no puedo elegir entre miles de historias: tengo una sola.

    Vine a Santiago porque mi mamá tenía unas reuniones y me gustaba un vecinito de mis primos. Era la primera vez que me gustaba alguien y no podía tener más mala suerte: tenía que ser de otra ciudad. Durante los primeros días de esa semana le toqué la puerta varias veces con distintas excusas, cual más mala que la otra. El tercer día, después de decirle que me gustaba mucho el cine (tenía trece años, él debió saber que ese “Me gusta el cine” significaba “Me encantan Home Alone I y II”) me invitó a ver La pasión de Cristo al Pedro de Valdivia, que yo no sabía que se iba a cerrar, ni si era importante o no, ni nada, sólo que quedaba cerca de la casa.

    Estoy alargando la historia, porque ni siquiera es muy buena. La cosa es que entramos y en la película comenzaron a azotar a Cristo como condenados y el cabro se me pone a llorar desconsoladamente. Primero traté de hacerme la tonta (“Qué hace llorando este hueón sensiblón… no puede estar llorando, eso que escucho es su sonido extraño para comer cabritas… yaaaaa, ¡Pero cómo!”), pero al rato ya no había manera de zafar: iba a tener que decirle algo. Traté de consolarlo un poco y me dijo lo dejara. Yo no entendía si era muy católico o qué, y me preocupé igual y lo encontré raro. Me daba nervio. Vi la mitad de la película escuchando sus hipos y sonadas de nariz. La salida fue muy incómoda: no lo pesqué más, nunca más nos vimos. Ahora caché, eso sí: estaba triste po, iban a cerrar ese cine.

  • El santa Lucía una joya, todos los estrenos en grande, ahí fui a ver superman2, la primera trilogía de la guerra de las galaxias. Ahora parece que es un lápiz lopez, no hay respeto.

  • Si mal no recuerdo, mi primer visita al cine la hice con mi mamá en Las Lilas, recuerdo que la película del momento era Todos los perritos de van al cielo, y que además fue la primera vez que llore con una película, a tal punto, que mi mamá tuvo que sacarme de la sala. Nunca me voy a olvidar de eso, aún que también recuerdo que quede muy sorprendida de ver una película en una pantalla de ese porte y con otras personas, es muy power la primera vez en el cine.

    Saludos!!!!!!!!

  • El Palace-Ovalle es mítico para mi, yo viví ahí cuando niño y mis papás siempre me cuentan de él, del cine de barrio y sus anécdotas, que iban a ese y al Normandie cuando pololiaban y como fueron desapareciendo los cines de las plazas, es un barrio al que le tengo mucho cariño. Creo que hacer un libro como monumento al cine más pequeño es super admirable y poder tener el libro en casa y mostrárselo a los viejos sería muy buen regalo. Una lástima que ya no existan más. Saludos

  • Mucho se ha nostalgiado plañideramente respecto la supuesta gran ausencia que ha provocado la desaparición sistemática de los cines antiguos, de barrio o tradicionales. La verdad es que, para hacerla corta y no latear, testifico que según mi experiencia presencial (y no de oídas), eran –la gran mayoría– inmundos. Mal cuidados, apáticamente atendidos, sonaban como el forro y algunos olían a orina fermentada. Sus dueños generalmente eran déspotas comerciantes sin escrúpulos que de cine sabían poco y nada, ni del popular, ni del mas encumbrado. Incluso me consta que muchos gañanes con ínfulas de empresarios caían en este negocio creyendo erróneamente que era fácil o entretenido de manejar. Esto lo sé porque cierto sujeto que en mi círculo mas cercano solíamos denominar llamar “abuelo”, era uno de ellos. Sí, el padre de mi difunto padre. Y con irresponsable convicción creo que él representaba un sector no menor de aquella ralea humana…..aunque hoy reconozco que la inmolación de su hijo lo perturbó un poco y hasta, tal vez, fue la causa de que se haya desviado un poco de su anterior y más próspero trabajo; administrador de motel. No lo sé.

    Pero no hay que confundirse. Esta historia no quiere rescatar solo el lado nauseabundo de este mistificado mundillo de los cines antiguos. Amo la fotografía y me gusta recordar gráficamente los asuntos, incluso los más infames. Así como también amé a mi abuelo pues nunca me pegó (como si lo hizo su perturbado hijo). Hasta me enseñó cosas valiosas como jugar ajedrez, siempre y cuando la taquilla hubiese estado buena durante la semana. Por que si no, ¡Huy! Andaba de malas pulgas y refunfuñando por todo. Hasta le daba por desquitarse con los rollos de celuloide a punta de tijeretazos. El cojo de la proyección ni intervenía pues no había, mi tacaño abuelo hacia de boletero y proyeccionista con tal de ahorrar para quien sabe qué vicios.

    Luego, cuando simplemente yo ya no tenia con quien jugar y había terminado mis tareas, no me quedaba otra que ir al cine, al de mi abuelo naturalmente, quien siempre en su rol de mercachifle riguroso al menos me hacia rebaja y hasta me dejaba entrar con una aceitosa bolsa llena de sopaipillas con Ketchup.

    De aquellos locos años ’90 recuerdo títulos tan olvidables que ni el más recalcitrante cinéfilo podría evocar, aunque si debo mencionar con justicia películas iniciáticas y fundamentales en mi formación cívica tales como “Dumbo”, “La Frontera” (la única chilena que exhibió el muy desgraciado) o “Querida encogí a los niños”, las que se volvieron íconos del imaginario de muchos cabros en aquellas tardes áridas en San Miguel cuando aun no llegaba la pasta (base).

    Atte

    Juancho.

  • la única historia de tengo es que fui a ver una bienal de cine arte porno a un cine porno del centro. ¡regálenme el libro!

  • uuuuy, yo recuerdo el gran palace y que ví el rey león ahí. estaba chico y la sala era enorme, sin la pendiente que hoy tienen los de los malls. En otro de esos antiguos ví Jurassic Park. tengo muy buenos recuerdos de esos cines y ….QUIERO EL LIBROOOOOOOOOOOOO !!!!

  • Recuerdo que hace como 10 años atrás, fui a una sesión de cine que duraba 22 horas, “Cine Adicción” se llamaba… se realizó dentro del Teatro Oriente, y bueno, como se podrán imaginar, había harta juventud cinéfila que llevaba de cocaví algunos sandwich, vino y yerba. Ahí conocí a una chica que venía de Concepción, conversamos de todo un poco, nos sentamos juntos a ver unas pelis, nos fumamos algunas cosas y terminamos atinando en un rincón oscuro de la sala. Ahora que lo veo en retrospectiva, creo que fueron las mejores 22 horas que viví en esa época.
    Ojalá me regalen el libro, saludos!

  • No es una gran anécdota pero vez que asistía al ya difunto cine Lido. Preguntaba al taquillero si ya había terminado la película anterior su respuesta siempre era un si, pues entrando a la sala miraba la pantalla y lo primero que veia era el final de la pelicula. jajaj Después ya era costumbre ver la desordenada para mi. Y lo otro que siempre pasaba era que te comían las pulgas como carne fresca jajajja… A pesar de estos inconvenientes era entretenido ya que era barato, podías ver la película mil veces si deseabas y la gente que entraba cual era mas un personaje jojoj… Saludos a chicos.

  • Que lindo y nostálgico artículo, justamente el otro día iba por el centro con mi mamá y pasamos por fuera de dónde alguna vez estuvo el cine “Huelén” , y mi madre con voz nostálgica me dice: “A este cine te traíamos a ver las películas de monitos” ajjaajajaja y empecé a recordar mi niñez ochentera y las largas filas que habían para entrar a ver la película de moda. Todavía recuerdo aquél Diciembre de 1987 y estaba en estreno “Mi pequeño Pony la Película”, me da igual si piensan que fui a ver una película de monitos “para niñitas” ajjaajajajaj!! , pero eran los ochentas y era lo que nuestros escasos canales de tv abierta transmitían como programación infantil.Bueno pero volviendo al recuerdo, faltaban pocos días para la Navidad y las entradas estaban agotadas en casi todos los cines donde la estaban dando, pero el héroe de mi papá madrugo un sábado por la mañana y consiguió las anheladas entradas para ver el esperado estreno ajajajaja!! qué película mas bkn, todavía la recuerdo y el otro día por sorpresa la encontré en youtube!! no dudé en verla y eso me trasladó a aquella tarde de Sábado de un Diciembre de 1987!! Hoy en día la cosa ha cambiado, basta sólo con meterse a internet y reservar entradas!! un poco triste para mi gusto, pero en fin, así es la tecnología!! ajjaajajaj Esta fue mi anécdota, gracias por recordarme parte de mi niñez!! saludoss!!

  • En 1969 vi en Cinerama la Ultima Aventura, una pelicula del oeste con Robert Shaw como protagonista , la verdad que la expeiencia era otra , el ambiente , la gente que comentaba la pelicula, los impresionantes sonidos e imagines, todo quedo en el Recuerdo, si yo pudiera volver a mi niñez en los 60 iria ha todos estos cines que conoci, las imagines en blanco y negro de las peliculas mexicanas, el Cinemascope y los 70mm del huerfanos y sus sonidos estereofonicos, en fin cientos son los recuerdos y a la vez pena de ver como quedaron, en fin estamos en otro siglo.

  • Los cines de barrio fueron una entretención aniquilada por la TV. Los cines de barrio dieron empleo a lo menos tres generaciones de personas que hicieron su vida laboral en esa actividad.
    La clase media y baja tenía acceso a los cines de barrio y esta era una de las entretenciones de esa época.
    Tener un libro que anule el olvido de esos cines es fantástico y así poder enseñarlo a las nuevas generaciones. Favor indicar donde se puede adquirir y cual es su valor.
    Atte.

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