Recreación de un día en un lugar que ha dejado de existir o ha sido resignificado.

El libro "92 cines" (Metales Pesados) de Rodrigo Avilés reúne fotografías de cines que al menos hasta hace 12 años atrás existían como edificio. Pocos se salvaron de morir como anfiteatro cinematográfico, la gran mayoría de ellos se convirtieron en templos evangélicos, centros comerciales o gimnasios. Otros simplemente cayeron.

A veces un lugar habla más que un rostro. Habla más que un procesado o imputado. A veces una casa tiene las verdades en sus paredes. Este 11, les dejamos un recorrido por aquellas casas de Santiago que fueron centros de tortura, detención o asesinato.

Este es el retrato de un instante que se pierde entre uniformes viejos y deseos infantiles.

No sólo buscamos en las calles. Entre los recovecos de Internet encontramos este tesoro: un archivo de imágenes del Santiago antiguo. Gente elegante, cines desaparecidos y Juegos Diana reviven en este Flickr.

Como la primera perrita que fue a la luna. Laika, la mascota de un niño que hoy es adulto, quien recuerda cómo debió abandonarla a la libertad en Chile de .

El tiempo idílico de Woodstock y de los conciertos abiertos se ha ido quizás para siempre. Tal vez el jazz podría venir de improviso a ocupar los espacios con libertad, pero hay algo que huele feo.

Tal como hay novelas que de tanto intentarlo terminan por ser bibliotecas laberínticas, existen también librerías que de tanto alojarlas se van volviendo de su especie, una configuración de historias, libros, sonidos y juguetes que deben leerse con cuidado para encontrar una verdad fundamental: la Muñoz Tortosa es el mejor de estos ejemplos.

"Los módulos son pequeños. Ahí, apretaditos, sofocados por la falta de ventilación, sin percheros o casilleros para guardar los útiles, estudian cuarenta jóvenes, que hoy lo único que piden es volver a ocupar las viejas aulas llenas de historia. Dicen que no depondrán la toma hasta que sean escuchados".

En el año 2000 la directiva de Mundo Mágico decidió cerrar las puertas del lugar y devolverle el terreno a la Municipalidad. Once años después,con toda la porfía de lo que aún nos queda de niños, cruzamos sin preguntarle a nadie (aunque en realidad no había nadie) el umbral que separa la magia de la normalidad. El parque, aún en ruinas, sigue siendo divertido.

Los alumnos de las tomas del "Aplica" no se rinden y exigen mejoras para su complicada situación actual. Luego de haber recorrido las aulas del que fuera su ex colegio (INBA), Christian Palma se excede y se va nuevamente de tomas. Esta vez, recorre los pasillos del Liceo de Aplicación, cuyas instalaciones han albergado por meses a los alumnos del deteriorado establecimiento.

Desapareció, pero quedó indeleblemente instalado en nuestra memoria quinceañera. Incienso, sudor y manos alzadas coreando himnos británicos. Lugar de primeros besos (o toqueteos) y borracheras, que sigue vivo aunque la penumbra de los viernes en sus puertas cerradas no sea ni la sombra de lo que fue hace algunos, sólo algunos años.

De negro entero, un tipo de aspecto imponente, con una chaqueta de cuero larga —estilo Matrix— y piercing en la boca, baja las escaleras a trancos largos; se acerca a una caja, saca un par de billetes y hace un movimiento de manos que parece indicar “lo quiero todo”. Recibe una torre de fichas plateadas grabadas con la frase “Entretenimientos Diana”.