A lo bonzo — 09/30/2011 23:10

Marcha por los valores: Tolerar sin transar

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El Gato Juanito y Patito Frez lideran el sendero de los fieles a los valores tradicionales, cristianos y republicanos. Las nubes negras en el cielo ensombrecen la caminata de más de mil personas. Mi amigo El Cola y yo, marchamos junto a ellos.

No quería ir, pero siempre me han enseñado el “de tripas corazón” –lo que entiendo de este dicho es que hay que hacerle frente a lo que sea aunque te llene el asco-. Agarré mi bicicleta y salírápido por el parque. En el camino, tres parejas homosexuales besándose y un hombre vestido de caballo. Escuchaba parlantes lejos, sentía que podía entrar pedaleando a un ritual extraño, un rito que invocaba a las nubes negras con voces a coro. Llegando a la esquina de Plaza Italia vi una pequeña manifestación. Me acerqué pensando que eran “de los míos”. Una imagen gótica de Jesús era sostenida con un paraguas por un par de mujeres rubias, monjas y otros que parecían ser seminaristas o sacerdotes. A pesar de que estaba consciente de que eso probablemente era algo menor en relación a lo que vería, me desconcertó la escena.

Ahí, en plena esquina del Parque Forestal, cruzan todos los días jóvenes que se aprontan a buscar unas cervezas de litro, las que alcancen. Ahí donde alguna vez atrapé con mi cámara a guanacos y zorrillos apilados dispuestos al ataque. Justamente la presencia de Carabineros esta vez es menor, uno que otro monstruo motorizado y una tropa de pacos es lo único verde dando vueltas.

Un chirrido se me viene a los oídos. De pronto pongo atención a la música –no es algo fácil de ignorar, aunque la curiosidad por el ambiente me ha sobrepasado- y miro al escenario dispuesto en el inicio al parque tras Plaza Italia. “Que canten los niños, que viven en paz” es el himno del momento. El héroe patrio que lidera el coro de niños enlazados con sus manos es el Gato Juanito. Conchatumadre, el Gato Juanito. Una avalancha de recuerdos se me vienen a la cabeza. El más palpable, una visita de Cachureos a mi ciudad de infancia. El Estadio Regional repleto, y yo ahí gritando a mis 11 o 12 años junto a mi mamá, un hombre que no era mi papá y una hermana que no era mi hermana. Sí, era y es mi hermana, aunque para la “Marcha por los valores”, probablemente no.

Finalmente decido meterme en medio de todo. Pensé que el público sería mayormente ABC1, en cambio me encuentro con, aparentemente, un colectivo más bien variopinto. Alrededor de mil personas ocupan el lugar, entre ellos católicos fervorosos, evangélicos prendidos y un segmento menor de neonazis, agrupados por el Frente de Orden Nacional (FON) –grupo que antes había organizado la contramarcha nazi a la Marcha por el Orgullo Gay-. Todos unidos por “defender los valores de la familia y el matrimonio”, mostrando un claro descontento frente a las manifestaciones homosexuales y la posible aprobación de los derechos que implica la unión de hecho.

Mientras, el himno nacional cantado por fieles les hace transpirar patriotismo y amor a Dios. Noto a lo lejos otra manifestación de no más de treinta personas. No puedo evitar sonreír. Uno de los jóvenes grita a la marcha “¡Mamá, mírame! ¡Mamá, mírame!”. No sé si es verdad que su madre está ahí caminando hacia La Moneda pero sí despierta a los cristianos quienes gritan con fervor, a modo de burla, “Jesús te ama, Jesús te ama, lala lala la la la la la la lá”. De pronto me encuentro con nuestro columnista, El Cola, y lo abrazo feliz de encontrarme con alguien amable. “Ando con un pañuelo de leopardo y pantalones negros brillantes y a nadie se le ocurre que soy cola. Insólito”, me dice riéndose. A su atuendo, une una cinta fucsia en la cabeza, que escrita con brillantina reza “Jesús te ama”.

Me quedo con ellos, los pacos nos cercan y no nos dejan movernos. Tomo a El Cola del brazo y bajamos al Metro para salir en dirección a la marcha. Un carabinero medio regordete se aproxima a un joven de bandera gay y lo insta a retirarse de manera agresiva. Nos saltamos el acto y nos unimos a la marcha. Es extraña la sensación de mover el banderín que me trae reminiscencias a las señoras ABC1 en sus marchas pre-Dictadura, en especial cuando una cuadra después –pasando Irene Morales- comienza a llover. Esta marcha de los paraguas –muy distinta a la de los estudiantes- se baña de color negro. Los fieles bailan Juan Luis Guerra y gritan consignas de guerra evangélicas.

Después de cuadras y cuadras de miradas sorprendidas y reticentes de gran parte de los transeúntes, llegamos a La Moneda. Una bandera gigante, que acompañó el inicio de la marcha, es desplegada por la única figura pública a la vista: el recién renunciado de Buenos Días a Todos -para seguir una carrera de pastor evangélico-Patito Frez. Sobre un escenario-camión la ex-voz del matinal de Chile ilumina a la reducida horda de fieles. Desde ahí, envía su discurso de amor a la familia “tradicional” y llama a levantar una bandera gigante que traían los fieles.

En ese momento, entusiastas adolescentes evangélicos me empujan hacia un lado, hasta que quedo al frente de la bandera. Me exigen, con una sonrisa imperativa, que tome la punta. Lo hago, parece divertido. Ahí quedo yo, haciendo bailar la bandera de los valores. El ritual está llegando a su fin. Todos bailan y gritan. Bajo la bandera, me encuentro con El Cola, nos reímos eufóricos y nos abrazamos. Afuera, en la calle, en La Moneda, todo se llueve.

 

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