A lo bonzo — 12/27/2011 17:01

Grecia 907: Homenaje a Rodrigo Lira a 30 años de su suicidio

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El 26 de diciembre no sólo es el día de San Esteban, el primer mártir cristiano, o el día de recolectar la basura navideña. También es el día de Rodrigo Lira Canguillem, día en que el acaso determinó su nacimiento y una tina ensangrentada amparó su muerte. Aquí, la ruta de su homenaje.

Diagnosticado con esquizofrenia, este eterno estudiante del Pedagógico se dedicó a vivir su poesía durante aquellos años en que la esperanza empezaba a escasear en el país. A pesar de no ser precisamente un advenedizo pudo deambular entre los círculos poéticos de Santiago y dejar en ellos su huella, para bien o para mal: gritándole a Parra “antipoeta culiao” cada vez que lo pillaba, haciéndole la corte a una Stella Díaz Varín 23 años mayor, persiguiendo a Enrique Lihn como un sicópata por las calles.

Este año fue el 30° aniversario de su suicidio, calculado para que fuera justo al mediodía en el que nació. 32 años justos, Dios sabrá si precisos. El lugar fue el departamento 22 de Avenida Grecia 907, donde por varios años atormentó a sus estoicos vecinos con gritos, desnudos y amigos suyos durmiendo borrachos en las escaleras comunes. Justo a la entrada del edificio, en la vereda y bajo un afortunado árbol que quiso darnos sombra, lo recordamos con un homenaje.

Llego cerca de las 12:30. Hay un círculo de unas 12 personas, entre las que se destacan el pintor Óscar Gacitúa y los poetas Jordi Lloret y Eduardo Llanos Melussa. Ya se han leído varios poemas, al parecer. Mientras abro mi mochila cautelosamente se acerca a mí Felipe Poblete, organizador del evento, quien me hace entrega de una mini-antología artesanal y dos fotos de carnet de Rodrigo Lira. Los poemas se suceden: “Angustioso caso de soltería”, “Cachorro” y otros que no alcanzo a identificar. Yo elijo leer “Cantinela musitada”, que me venía ojeando y casi ensayando en la micro, pero justo Daniela Catrileo lo lee antes que yo. Tengo que cambiar inesperadamente a “Tranquilo el topo”, un “trabalenguas en ritmo de redoble” tal como lo señala el autor. Me sale bonito, según dirán después.

Una flor dentro de una botella de cerveza y una foto grande pegada en el suelo. Ese es el altar que quedó a la entrada del edificio y que probablemente alguna vecina retire, atosigada por el mal recuerdo de ese inquilino escandaloso. Felipe le pide a Llanos, quien está a punto de irse, que lea su poema “Desaparición de Rodrigo Lira”: “[…] tu rostro aparece de repente / como un expósito tiritando a la intemperie […]”. Así mismo quedó el altar, del cual nos despedimos sosegadamente.

Entre unos cafés que se convirtieron en cervezas, decidimos con Juan Carreño ir al Pedagógico a ver la intervención que Daniela realizó en el patio central. Junto a varios poemas y fotos encaramados hasta en los árboles, una tina con agua enrojecida sostiene flotando una foto funeraria. Monedas de 10 pesos le tapan los ojos y la boca para que, según una costumbre pagana, le pague el pasaje al barquero del ultramundo. Algunos pasan y se quedan mirando, otros no.

Pasado un rato decidimos ponernos a leer poemas de Lira en voz alta cada vez que alguien se acerque. La mayor parte de las veces esto provoca una fuga inmediata, pero unos poquísimos escogen mirarnos con alegría. Probablemente lo mismo le pasó en estos pastos a Rodrigo, quien además de considerarse un diestro operador del lenguaje con facilidad para los idiomas quería devolverle a la poesía su carácter escénico, casi teatral. Extrañamente célebre ha resultado ser su participación en Cuánto Vale el Show, poco antes de suicidarse, donde interpreta a Otelo y Yolanda Montesinos le da dos lucas “por su inquietud por William Shakespeare, lo que es absoluta y totalmente valedero”.

Nuestra inquietud por Rodrigo Lira no se termina con el homenaje, aunque no podamos saber si es absoluta y totalmente valedera. Inquieta e inquietante, siempre descentrada respecto a lo que se considera “poesía”, su obra –llena de citas, notas al pie, marcas fonéticas y desbarajustes tipográficos– rondará como fantasma largo tiempo entre poetas que ahora son guaguas aún. Le dejamos la palabra a Enrique Lihn, su incómodo amigo y principal víctima de sus parodias: “Si el objeto de la poesía no fuera el de consolarnos y hacernos soñar, sino el de desconsolarnos, manteniéndonos desvelados, Rodrigo Lira tendría el lugar que le reservamos en el Olimpo subterráneo de la poesía chilena, antes que en el escenario de la reconciliación”.

  • Homenaje a Rodrigo Lira
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3 Comentarios

  • me: buen texto el de lira, a propósito
    Carolina: buena bkn, le diré al autor
    me: se agradece la distancia con la emoción contenida.
    muy bonito, se nota que le gusta el blablablá al loco
    Carolina: es bien clever, filósofo, no periodista
    me: umm, la filosofía

  • Maravilloso, Rodrigo es un grande, creo que hubiese estado feliz de un homenaje así.

  • Estimada, estoy realizando un proyecto audiovisual con la vida y obra de Rodrigo Lira. Soy vecino nuevo del sector y me gustaría tener la mayor información.
    Ojala me puedas responder al Mail.
    Un abrazo.

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