A lo bonzo — 09/27/2011 12:05

El paro de los matasanos: corazón de sobra

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Dentro del Consultorio N°5 de Unión Latinoamericana (Unión Latinoamericana N° 98), un edificio azul a muy mal traer, se entreoye la transmisión de silbidos, pitazos, platillos y gritos de mujeres funcionarias que salen de la televisión. A un volumen de sala de espera, el televisor. Hay menos pacientes de lo normal, así comentan aquellos que padecen la espera por su consulta médica, por retirar algún inhalador, ungüento o pomadita que le sirva a la señora para quitar su mal. Estrella Vega espera la farmacia por su inhalador contra el asma. “Pero me atendieron bien, a la hora, vine de 5 de abril y no tuve ningún problema”, dice.

Unos pasos más allá, el guardia conversa con un enfermero, y le pregunto dónde están los dirigentes. El enfermero me lleva por un pasillo subterráneo y sucio a una oficina. Ahí está Marcio Isamit, dentista radiólogo, con una cintita negra, funeraria en su pecho. “Aquí el paro es más simbólico, todo el que viene es atendido, pero han venido pocos en general. Yo suelo atender treinta pacientes al día y han llegado cinco. Al final, la huelga se hace sola”, dice. Junto a él está una doctora de voz contenida, como de bibliotecaria, esperando a que llegue algún enfermo de las muelas. Pero son pocos los que llegan. “No podemos dejar de atender a quienes llegan, algunos tardan días en juntar plata para moverse y devolverse”, agrega el doctor.

Varias cuadras lejos de la quietud de consultorio, llegamos a la Posta Central (Portugal 125). Avenida Portugal está tomada por unas batucadas de alumnos de la Universidad de Chile aplaudida por los funcionarios de la Asistencia Pública. Ahí, Carlos García está metido en la jarana brasileñoide por la educación. El dirigente de la Posta cuenta que el director de la institución los ha amenazado con tomarles fotografías. “Identificarnos, una medida fascista, como en los tiempos más oscuros de Chile”, dice, en medio del tamborileo de Portugal. Tanto él como Marcio en el Consultorio N°5 destacan que los pacientes están siendo atendidos. “Cualquier patología de urgencia es atendida acá, todo el personal está aquí disponible”, mientras apunta a las enfermeras bailarinas, a los paramédicos eufóricos.

Casino del San Borja Arriarán (Avenida Santa Rosa 1234). Pollito con papas y ensalada. Gelatina y cumbia de postre. “Este es el momento propicio para unirnos a los cabros estudiantes que tanto se han sacao la mugre luchando”, dice Miriam, dirigenta del Complejo, al micrófono frente a los colegas comensales. Hay un ambiente de asamblea: de hecho, Miriam cuenta que prefieren la asamblea al paro porque así no hay penas administrativas, descuentos o jefes fotógrafos acosadores. Está en los estatutos. “Todas las cirugías de urgencia se han hecho y se postergaron las postergables”, dice. Por lo general, en el San Borja se huele un ambiente de rutina, a excepción del casino bailable y de los afiches de la CUT que llaman al paro. Una estrategia distinta, dice Miriam, más cautelosa con el nuevo gobierno.

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