A lo bonzo — 07/26/2011 21:55

Cajera de cine porno: la pega más interdisciplinaria

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Francia Lufi es excajera de un cine porno del centro de Santiago. Aquí nos cuenta cómo fue la experiencia de enfrentarse a un desfile de variopintos personajes que circulan entre la luminosidad de la vereda y la oscuridad de la sala, a la que ella nunca entró. Travestis, abuelitos y obreros se cruzan con enigmáticos y truculentos hombres de buen vestir en este interesante informe estético de aquel pedazo de noche santiaguina en el que no muchos se atreven a incursionar.

Ilustración: Naijem Cepeda

Ilustración: Naijem Cepeda (flickr.com/photos/lobosuelto)

Es una noche de luna llena, lo cual me da un poco de miedo y no por los hombres lobo que me caen bastante bien. Me da miedo porque estoy muy bien mirándola, hipnotizado, y siento que me quiere tirar un mensaje y que yo soy muy idiota para descifrarlo, así que me va a retar. Desde los 4 años que la luna me da miedo por culpa de la canción de Pin Pon: Dicen que en la luna un gatito blanco se enoja con los niños si no se portan bien… además la maldita parecía perseguirme en todo el tramo que había desde el jardín hasta la casa. No había Dios pero había luna. Después me fue cayendo bien, cuando caché que tenía cara de morsa más que de gato y también por cosas románticas que no vienen al caso.

Francia Lufi dice que siempre ve la luna llena con un amigo llamado Ale. Mañana se va a juntar con él y le va a contar los dibujos que vio hoy en ella: un conejo-ovillo, un oso-Mickey Mouse y una mujer con seda. Y es que Francia (estudiante de Arte en la UMCE, performer y con ojos muy grandes) algo sabe de la noche, o más específicamente, de un trozo de la noche santiaguina. Ella trabajó durante un verano en el turno de noche del cine Nilo, uno de los pocos cines pornos que van quedando en el centro de Santiago. Y yo, ante la luna, quiero preguntarle algunas cosas.

¿Por qué quisiste trabajar ahí? ¿Cómo te conseguiste la pega? ¿Cuánto ganabas?
Necesitaba trabajar para poder viajar, y si trabajaba en verano necesitaba estar muy despierta porque el sol me adormece. Tenía dos opciones: niñera o cine porno. Hace un tiempo me daba vueltas la idea de trabajar los recursos plásticos del cine porno en una asignatura de la U que se llamaba “Proyecto de creación visual”. Y, manos a la obra, comencé a buscar. Internet, que todo lo sabe, me llevó a los lugares. Me pagaban diez mil por cuatro horas diarias, de ocho a doce de la noche.

¿Viste alguna película porno durante tu trabajo?
No, me fue imposible porque tenía que estar siempre en una cabina contabilizando monedas y billetes de ingreso y salida. También debía preocuparme de las relaciones con el público, del saludo diario y de leer las carteleras en folletos que me entregaban cuando era el cambio de turno. Además yo realizaba el segundo turno, el nocturno, y debía estar más alerta y con máxima atención de los ingresos y salidas del público.

¿Cómo era la actitud habitual de los clientes? ¿Qué estilos de personas iban?
Algunos reposados y otros vestidos de embajadores sexuales. Los reposados eran los más cansados, los tíos de la constru que, por muchos deseos sexuales que tuviesen, lograban contener su necesidad y la manifestaban en picardía. Otros, los embajadores sexuales, generalmente vestidos de caballeros, muy elegantes y emperifollados, llegaban con voces al borde de la explosión sexual, pero de esas explosiones que causan temor, como si fuesen a morir allá adentro… y finalmente recuerdo un tercer grupo: los abuelitos que por no tener donde desembocarse acudían al lugar. Algunos incluso sin recordar y preguntando por la misma película más de una vez. La insistencia y la picardía son las madres de esta ciencia.

¿Qué película les gustaba a los abuelitos?
El título exacto no lo recuerdo, pero sí me acuerdo de una película de colegialas ardientes que preferían. En una oportunidad fueron tres abuelos amigos, de esos abuelos compinches que juegan ajedrez y toman vino, y preguntaron por cartelera. Yo les mencioné cuáles películas se estaban dando y recuerdo que muy contentos se decidieron por esa… en otras oportunidades abuelitos solos y desmemoriados decían “recomiéndeme usted mijita, yo vengo a pasarla bien un rato”, y después volvían a preguntar…

¿Y cuál era tu criterio para recomendar películas?
Trataba de ver en sus ojos la intención, luego me preguntaba a mí misma cuál de todas esas películas escogería yo desde mi masculinidad y de ahí matizaba ambos: intención-caballero más tincada-corazonada y luego planteaba. ¡Así!
Siempre hay instancias de diálogo donde uno le dice a estos caballeritos, “oiga, ¿sabe? esta me tinca, cáchese el título, mire la imagen, ¿le tinca o no?” cosas así… igual, yo recuerdo que durante el tiempo que estuve cambiaron sólo dos veces de cartelera.

¿Cuáles eran tus títulos favoritos?
Tigresas ardientes en el sexo activo, me gustaba ene, pero porque me gustaba el afiche con el título, era pa’ qué más kitsch: tres mujeres que me hacían recordar a las Venus, pero unas Venus animal print y colores saturados. Era una imagen muy brillante como los flyer de la Blondie: la Blondie porno.

¿Y no te preguntaban “¿y usted actúa en alguna, mijita?”?
(Ríe) Algo por el estilo, cuando la persona confiaba en la película que le recomendaba… me acuerdo que una vez me dijeron: si es tan linda como usted la protagonista entonces démosle no más… pero puras palabras pícaras y simpaticonas, nada que me hiciera sentir ofendida…

Entre los tres grupos de gente mencionaste a unos seres muy interesantes, los embajadores sexuales. ¿Podrías describirlos mejor? ¿Qué imaginabas sobre el resto de sus vidas?
Sí. Eran hombres con ojos un poco violentos, silenciados, con deseos que nunca se consumen. Generalmente bien vestidos, a veces chulos también… pero tienden a una elegancia sexual mórbida, exagerada… eso es una exageración callada… ¡terrible! Daban miedo, había todo un sistema de embajada detrás de ellos… direccionales también, los que menos saludan y los más pesaditos de sangre… tienden al despotismo… ¡Eso es! La era del despotismo sexual en los breves minutos con ellos en la cabina vendiendo entradas e indicándoles la ubicación.
Imagino que deben tener casas con aire acondicionado y zapatos, varios zapatos, también peinetas. También especulo una cercanía con la madre, como que van a comer a la casa de la mamá, se van a la pega y luego su película, y al otro día vuelta a lo mismo.

¿Pero sentías que eran los embajadores de un país enemigo? ¿Cómo era esa embajada?
No, no enemigo, pero sí lejano. La embajada estaba llena de cuchillos, como gritos desgarradores… me daban miedo… yo ni cagando hubiese entrado con uno de ellos ahí… la cara de perversión, el cuerpo y ese look, ¡ni loca! Al menos con un tío de la constru y un abuelito uno puede predecir, pero con estos seres metálicos todo puede pasar.

Ilustración: Francia Lufi

Ilustración: Francia Lufi

¿Trabaste amistad, buena onda o al menos saludos recíprocos constantes con algún cliente?
No con un cliente, pero sí con un travesti que se llamaba Rita y yo le puse Rima porque siempre hablaba con mucha musicalidad y sus sonidos eran preciosos. Ella-él siempre pasaba por ahí, le gustaba rondar el lugar para ver “si saltaba la liebre”. Me gustaba mucho hablar con Rima, me preguntaba por qué estaba ahí, que si me hacía la manicure, si tenía lima, los horarios de mayor público… Aunque Rita no era de ahí, era como si viviese las películas en tercera dimensión: pantalla-gente-ciudad.

¿Y viste a Rima conversar con los clientes?
Sí, pero ella armaba pequeños círculos en donde yo sólo veía murmullos y ofertas… La cabina es un submundo, tiene un ventilador, diario del día, una taza, un hervidor abajo en los pies, las entradas, la plata, las llaves y uno mismo con un círculo al frente de comunicación. Por ese círculo yo hablaba con Rima, por ese círculo yo la veía formar esos círculos que te cuento.

¿Cuándo fue la vez que viste a Rima más feliz?
Me acuerdo que la vez que la vi feliz fue cuando tenía plata pa’ hacerse visos, y de hecho una vez que mi mamá tenía una confusión sobre las diferencias de significado entre viso, mecha y reflejo, me acordé de su felicidad. Con tan poquita plata hacía maravillas en su cuerpo… secretos de belleza y de economía.

¿Y dónde encontrabas tú la felicidad durante tu estadía?
Yo creo que trabajar en un cine porno es la pega más interdisciplinaria: tienes de todo, y lo que no tienes lo escuchas de la cabina pa’ fuera… espacios performativos y poéticos, roce con lo audiovisual, conversaciones cotidianas, cruces políticos y económicos, manejo de caja, boletas y difusión, convivencia con lo teatral, observación de lo contingente, vicios varios, señoras que informan de farándula… etc., etc., etc. Encontraba la felicidad en el descubrir sencillez. En lo poquito, pero con correspondencia secreta. En el albergar palabras mal dichas. Y en la decadencia también.

10 Comentarios

  • Quiero esa pega. Pa’ qué más ahora.

  • Linda Francia. Muy buena entrevista. Un compañero de mi u vivió un tiempo en los departamentos que están arriba del cine Nilo y cuando ibamos a carretear pa’ su casa siempre nos quedábamos pegados leyendo los títulos de las películas. Recuerdo una que se llamaba ‘perfectamente anal’ o algo así jajaja.

  • ya me acordé del titulo, era ‘diabolicamente anal’

  • Ahorita mismo descargo por torrent Tigresas ardientes en el sexo activo

  • ¡Fascinante! “Unas Venus animal print” — graciosísimo!!

  • dan ganas de trabajar ahí!!!!

  • solo es una vision romantice e idealizada de la entrevistada,le realidad es que esos cines son pozos septicos donde solo van tipos con patologias sexuales y lugar de prostitucion del mas minimo nivel,lugares insalubres y sin higiene alguna,les recomiendo a quiene dicen tener ganas de trabajar ahì que vayan un dia y entren a ver una funcion,recien ahi opinen y veremos si sigue esa idealisacion y esas ganas de trabajar ahi.

  • No todo es tan anecdótico: hay redadas policiales en esos cines , que simplemente no deberían existir. Los espectadores o participantes son todos adultos, saben perfectamente lo que buscan y lo que hacen lo hacen en recintos privados, no en la calle y frente a menores.
    Los organismos de derechos humanos deberían preocuparse y protestar por estas redadas.Hace un tiempo un conocido me contaba las humillaciones que debió soportar al ser detenido en un cine; y al final , el juez los dejo libres a todos., por falta de méritos.

  • Como dicen ahí.. Pura idealización de algo que no es.
    Por otro lado, las funciones en esos cines son del tipo rotatorio, es decir, si hay dos o tres peliculas, se transmiten una tras otra de manera continua. Tu no eliges una película, vez lo que están dando en el momento, lo que me hace desconfiar en la ntrevista, porque uno no elige nada…

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